Anthrax - Inside Out

El ciclo "No son discos malos, usted tiene mal gusto" continúa. Si usted ha leído los artículos anteriores empezará a notar un patrón. Corría el año de 1998 cuando Judas Priest juntaba sus partes, se sacudía el polvo y volvía a estar bajo los reflectores, pero ahora con más potencia de lo que se les recordaba.

Para el 97, después de 7 años de ausencia, la banda sacó al mercado un álbum de regreso, y decidió respaldarlo el año siguiente con un espectacular concierto que resumió su carrera, incluyendo la gran mayoría de sus clásicos y esas refrescantes nuevas canciones que trajo Jugulator.

Judas Priest ha atravesado por diversos cambios de alineación, pero son solamente dos los relevantes; el primero, la inclusión del gran baterista Scott Travis, quien repotenció el sonido de la banda y les dio la dinamita necesaria para ponerse a tono con los grupos de metal de la época con el inolvidable Painkiller; posteriormente, el cambio que realmente marcó una nueva era para los ingleses fue la incorporación del novato, pero sorprendente vocalista, Tim "The Ripper" Owens como reemplazo de icónico Rob Halford.

Recuerdo que para esa época tenía en mi poder el Screaming For Vengeance, y había escuchado algunas canciones de Judas Priest, pero, la verdad, no causó en mí el impacto necesario para adentrarme en su música. De repente eso cambió, y cambió para siempre al escuchar el contundente 98' Live Meldown. ¿Rob Halford? ¿Quién es Rob Halfod? ¡Tim "The Ripper" Owens es el hombre!

Este señor, el cambio de distorsión y una afinación más baja convirtieron a Judas Priest, de una linda banda de abuelitas en una banda de metal de verdad. Una de esas que no se puede ignorar ni igualar. Me disculparan los amantes de la época clásica de Judas Priest, pero Jugulator y 98' Live Meltdown sí que le dieron vida a las canciones antiguas; les recomiendo dejar de leer, ponerse su pantuflas y tomarse su cocol.

Después de repasar este concierto una cantidad incontable de veces, de dejar en el olvido todos los discos anteriores y de no prestarle mucha atención a los álbumes siguientes, decidí que mi canción favorita es esta inigualable versión de "Victim Of Changes", donde el Ripper no parece estar cantando, sino tratando de romper los vidrios cercanos y causar problemas auditivos a las personas presentes. Es definitivamente maravillosa.

Pero como el mundo no funciona como debiera, y a las viejitas de chaleco con taches les gusta que todo siempre siga igual, Judas Priest le pasó la carta de despido al señor Owens y recontrató al señor Halford. Nunca se los perdonaré, pero afortunadamente quedaron cuatro magníficos álbumes como registro del mayor riesgo que haya tomado esta banda, y del periodo más versátil de Judas Priest.

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